domingo, abril 28, 2013

Es tan fácil desgarrar un corazón. Es tan difícil cerrar unos ojos

















Relajamiento Marisa Espinosa García



El sol había comenzado a esfumarse y una espesa bruma trepaba por la ladera. Olía a uva y a cosas secretas. Me detuve un instante, mirando hacia atrás, como si la vereda que baja dolorosamente fuera el tiempo.
Te aprendí de memoria y después solamente pude aprender de memoria el mapa de tu recuerdo. Hilvanándolos hubo un tiempo en que me sentí fabricador de la luz que creí que nos rodeaba, de los colores que sombreaba el aire de melancolía. Si me hubieras dejado los ojos un instante… ¡Ay si me los hubieras dejado¡
El tiempo iba, venía y se iba y volvían otra vez. Delante de mí aparecía el alma de las cosas. Así era mi vida. Y aquello regresaría y se iría y regresaría de nuevo. Era una tarea eterna de quererte, de enredarte en los sentimientos. Hasta que llega un momento concreto de un día sin retorno en el que nadie sabe, ni se pregunta el motivo de esta fragilidad. Y nos hacemos añicos de cristales que el viento se encarga de esparcir violentamente como una lluvia de granizo. Ahora solo tengo que recoger los pedazos, los fragmentos rotos que se levantan indecisos al paso de las sonrisas y el silencio
Una fresca y húmeda ráfaga de aire salino arrastra voces muy tenues y lejanas derramándolas como la luz, de color azafrán, de las lámparas al encenderse Me gustaría dejarla ahí para siempre y que esto fuera el resto de la vida.
No se nada de ti. Simplemente dejé de nombrarte en voz alta. Te he esperado y hasta he olvidado el motivo.
Ahora ya se que eres como una herida escritas en los márgenes de la vida diaria
Es tan fácil desgarrar un corazón. Es tan difícil cerrar unos ojos



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sábado, febrero 23, 2013

No es mio pero que lindo es oir a los hermanos Carpenters


Cuando era joven escuchaba a la radio
esperando mis canciones favoritas.
Cuando las pasaban, yo las cantaba.
Me hacía sonreír.
Esos fueron tiempos felices,
y no hace mucho me preguntaba
a dónde se habían ido.
Pero volvieron de nuevo,
como un viejo amigo perdido.
Todas las canciones que quise tan bien.
Cada shalalala,
Cada whoaoaoa,
Siguen brillando.
Cada shing a ling a ling
Se empezaron a cantar tan bien.
Cuando llegan a la parte
en donde él está rompiendo su corazón,
me pueden hacer llorar realmente.
Como antes,
es el ayer nuevamente.
Mirando hacia atrás
a cómo eran hace un año.
Y el buen rato que pasé
las hace parecer más bien tristes hoy.
Mucho ha cambiado.
Eran canciones de amor,
que las podría cantar entonces,
y recordaría cada palabra.
Esas viejas melodías
siguen sonando bien para mí,
como lo hacían hace unos años.
Cada shalalala,
Cada whoaoaoa,
Siguen brillando.
Cada shing a ling a ling
Se empezaron a cantar tan bien
Todos mis mejores recuerdos
vuelven a mi claramente.
Algunas pueden hasta hacerme llorar.
Como antes,
es el ayer nuevamente.
Cada shalalala,
Cada whoaoaoa,
Siguen brillando.
Cada shing a ling a ling
Se empezaron a cantar tan bien
Cada shalalala,
Cada whoaoaoa,
Siguen brillando.
Cada shing a ling a ling

miércoles, noviembre 21, 2012

Una tristeza teñida de, quizás amor, quizás desamor














Rossana Stagnaro Frìas






Ya hacia tiempo que repetía continuamente la misma operación. Se estaba convirtiendo en una obligación; En una dulce obligación. Miraba a un lado y a otro, esperando no ser descubierto y abría el teléfono disimuladamente, buscando la aplicación que le llevaba a mirar la misma fotografía de siempre que ni siquiera era ella. Eso le hacia sentirla muy cerca, como si la poseyera en el silencio. Se sentía en esos segundos, triste. Sabia que estando cerca de ese constante deseo, estaba cerca de ella y también cerca del dolor que busca escuchar solamente el propio eco.
Cuando ella estaba “en línea” sentía correr al galope el deseo y eso le hacia la aventura mas arriesgada y a la vez mas excitante.
A veces se atrevía a escribir (desarrolló un extraño manejo de las letras virtuales del teléfono disimuladamente para con un dedo) pero rápidamente lo cancelaba avergonzado y mirando a todas partes. Temiendo haber sido descubierto guardaba el teléfono disimuladamente y entonces miraba como si buscase algún punto indeterminado en el horizonte aunque lo que de verdad miraba era la madera carcomida de la puerta de una vieja hacienda del cuadro de encima del mueble, que cada vez se le hacia mas extraña. Ya no recordaba aquel lejano Junio tan caluroso sentado en el jardín de la Hacienda pintándola
En otras ocasiones, ya derrotado, se levantaba y buscaba la protección del ordenador donde le escribía, mensajes, sabiéndose a salvo de todo. Incluso de ella. También, entonces, en aquel momento cancelaba el envío a sabiendas de que ella nunca le respondería. O no le respondería lo que él quería. En esos momentos, sabia que no es posible poseer nada que se refleje en un espejo; Una imagen, una sombra, no puede asirse ni se puede besar. Le cansaba la intensidad de lo que estaba viviendo porque se estaba engañando con lo que podría haber sido de no habérselo impedido otro sueño de lo que podría haber sido.
Había especulado tantas veces con el momento de reencontrase con ella, si es que alguna vez sucedía, que de tanto detenerse en aquella imagen se le había desdibujado en la mente igual que un viejo recuerdo que al cabo de los años se le antojaba más inventado que ocurrido
Eran sus ojos lo que siempre recordaba de ella. De una forma más precisa aún que el color de su pelo o el sabor fugaz de sus labios. Se le antojaban tan dulces como los recordaba. No se veía con fuerza suficiente para confesarle que cada vez que cierra los ojos ve los suyos. Esos ojos por los que había envidiado tanto a sus amantes, que los habían mirado hasta derrocharlos.
Atrapó ese recuerdo para siempre, porque tal vez fuera el último.
Mientras contemplaba la figura de ella empequeñeciéndose en la memoria, a medida que se adentraba en el olvido descubrió que nunca le había amado y, tragó saliva con gran esfuerzo, le dolía pensar que jamás en su vida le amaría.
Como cuando vas por la calle inconsciente rozando la pared con la yema de los dedos. No hay dolor hasta que no adviertes la sangre. Así era su vida: Una tristeza teñida de, quizás amor, quizás desamor

lunes, noviembre 05, 2012

Variaciones del mismo tema

Manuel Tosar
El aire olía a fines de junio y a agujas de pino. La luz que se filtraba por entre las ramas de los árboles sembraba su cuerpo de manchas. Un hombro desnudo se asomó y pensé que era lo más sensual que había visto nunca. Era solo un hombro, pero toda su sensualidad se reunía allí: en una piel brillante y lisa con el hueso prominente de un omóplato.
¡Dios¡ como la deseaba y cómo la deseo aún.
Entonces me sentía el inventor del viento húmedo del sur, de los rayos del sol que daban al muro un movimiento acuático. De los sabores y los olores que aun tenía que pensar que imaginar, que descubrir.
La tarde se iba lentamente. A su paso, como una lámpara que se enciende, derramaba una luz de color azafrán mientras una fresca y húmeda ráfaga de aire salino hizo que una hoja fuera a caer entre nosotros estremeciéndonos. Sentí su mano caliente en mi nuca mientras su lengua con sabor a vino escudriñaba dentro de mi boca y sus dos manos cogían mi cabeza
Entonces las sombras comenzaban a extenderse en dirección al verano…
Con el olor a algas y a salitre del puerto, bajo un cielo negro taladrado por millones de estrellas aguardaba nervioso a que la vida comenzara. Pero no fue así
Ahora echo de menos esos ojos oscuros y dulces con los que me mirabas mientras el aire olía a fines de junio y a agujas de pino




 

miércoles, octubre 10, 2012

Otoño sobre mi alma en Cazulilla

Jardín de Cazulilla
¿Quién dirá las ultimas palabras sobre mi Cuando yo me muera,(di esto en voz baja casi en silencio)…


Cuando ya no esté ¿Quién se acordará de los territorios que yo he descubierto antes. Del sonido de la lluvia cada vez más intenso, más gris y más triste. De los besos a unos labios indecisos entre la sonrisa y el silencio? Quién olerá las uvas y las cosas secretas. Quien sentirá el viento que todo lo oye y quien escuchará el zumbido de toda clase de insectos de Cazulilla en agosto?

¿Quién memorizará el rostro, las voces y algunas conversaciones de todos, mientras los plataneros y paraísos de mi calle se mecen y entre el murmullo del bambú, la dama de noche, presta al aire su denso aroma?
Mientras que del tilo en flor caiga, sobre la mesa, un polvillo amarillento que haga mas triste y perfumada la tarde en cualquier comienzo de primavera, ¿Quién beberá el te en mis tazas azules y blancas y quién paseará sus dedos por los frágiles lomos de mis libros. Quién se detendrá en cualquier página doblada y soñará con las mismas geografías?

A mi edad he comprendido que las cosas que una vez he disfrutado se han quedado atrás. Mi alma guarda recuerdos que mi memoria olvida…Soy un recuerdo sin huella







jueves, julio 12, 2012

Cazulilla















Cazulilla




Las cosas no nos dicen nada. Es la mirada con la que las contemplamos la que nos cuenta la fuerza del alma que tienen. Quienes las amaron y donde  sus brazos se cerraron en torno a  ellas. Donde los arañazos dejaron  roces.  Así es mi caso; Mi casa sólo tiene miradas. Mis miradas

domingo, julio 01, 2012






Quizás ahora es buen momento para pararse  a mitad del sendero y contemplar el paisaje de relieves, olivos y girasoles. Quizás me vacíe los bolsillos y alivie el peso de los años, y así vacíos tenga espacio para guardar nuevos granos de arena.

hoy cumplo 53 años,



lunes, abril 30, 2012

“Buenos días ¿Puedo pasar? Me llamo Pablo Neruda. Soy poeta.


“Buenos días ¿Puedo pasar? Me llamo Pablo Neruda. Soy poeta.

Vengo llegando ahora del norte, del sur, del centro, del mar (...) y te pido permiso para entrar en tu casa, para leerte mis versos, para que conversemos(...)”

jueves, marzo 29, 2012

Se hizo el silencio

Max Liebermann  


Me apoyé en el tronco oscuro de un castaño inclinado y volví a cerrar los ojos y volví a oler la tarde.Tenía el aroma de las certezas indestructibles. Poco a poco, del pozo negro de la memoria fue emergiendo un recuerdo
Oprimido por la amargura de mis pensamientos comencé a comprender que las cosas que una vez habíamos disfrutado se habían quedado atrás. Que me afanaba para zurcir los pequeños desgarros de un lienzo consumido y hecho jirones. Algo así como arrimar a la antigua pintura, en que se había convertido nuestra vida, los colores imposibles de ahora.
En ninguna otra tarde de la historia del mundo se había llenado ninguna habitación de tantos puntos cardinales, pero era solo una manera como cualquier otra para olvidar. Era como si quisiera esconder esa tarde tan triste en un solitario descampado deshabitado y dejarla ahí para siempre y que esto fuera el resto de mi vida.
No queda ya nada para atestiguar la realidad de lo que habíamos sido. De quiénes habíamos sido Me estremezco de pronto y el aire murmura…
Le sonreí y ella enredó un mechón de pelo en su dedo. El sonido de la lluvia era cada vez más intenso, más gris y más triste. El vino rojo se movía en mi copa y en el aire volaba una tristeza teñida de amor quizás, quizás desamor…Guardé entre los pliegues de mi alma el momento. Algunos recuerdos nos acercan, a veces demasiado, a las lágrimas.
Me cogió de la mano mientras me miraba. Contemplé sus ojos moteados de verde y supe en ese instante que la amaría y mentiría el resto de mi vida. Y entonces bailamos mientras el dulce aroma de la dama de noche y el jazmín inundaba la oscuridad del atardecer que tenia el color de la miel de tomillo. Me vino a la memoria el perfume el romero, el tomillo y la hierbabuena. De la fruta madura y tibia que de pequeño comía entre mordiscos en las tardes de verano
Se hizo el silencio en la habitación. Mientras, la luz procedente, Dios sabe de donde, parpadeaba, difuminada, sobre las paredes y el techo teñido de penumbras.Se hizo el silencio en la habitación y se hizo el silencio en mi alma

Pero el fuego está vivo. Y puedes estar horas contemplándolo y no ver jamás una llama parecida a otra. Da luz, calor y una oleada de dulces y nostálgicos recuerdos al amparo del olor a madera quemada.

sábado, enero 28, 2012

Reencuentro

                                                                        

    la canción mas triste

                      Me he sentado aquí al borde del mes de enero, en el balcón de mi blog. Lo miro con extrañeza porque despierta ecos que proyectan sombras, como de encajería, igual que la luz, del atardecer, que se filtra por entre las ramas de los árboles.
Este blog se me convirtió, de repente, en un eslabón, más, de la cadena de las cosas irreparables. De las cosas desvalijadas, de las que pronto nos apartamos. Un eslabón de ese universo de objetos y palabras inocentes que pronto se convierten en un vientecillo que levanta, suavemente, el polvo y lo impulsa hacia delante, hacia el suelo desierto en el que se convirtió mi talento (sí es que alguna vez lo disfruté)
Siempre aguardando nervioso a que la vida empezara, tras cualquier comentario. Leía un comentario, lo cerraba. Cogía otro y como si de una mandarina se tratara, cortaba la piel con la uña, liberando el aroma agradable e intenso de la vanidad
Esos pensamientos eran como arena que se me escapaba suavemente por entre los dedos. Un puñado tras otro… Dios mío así no se vive.
El recuerdo penetra por las cortinas blancas y deshilachadas de la memoria y su luz llega tamizada por el olvido. Hilvano discusiones que se lleva la brisa y quedan inconclusas. La mención de algunas cosas, como las flores silvestres, endulza el aire, y su resonancia, como las mariposas, pasa revoloteando... Tengo mucha suerte. He podido hacer caso a mi corazón. No todo el mundo tiene esa oportunidad.
Entre tanto, este tiempo de silencio ha cubierto de yeso las grietas del dolor de una época que ahora ya se que a lo sumo quedará como testigo de la realidad que he sido: una palabra rota de un hombre roto.

domingo, mayo 22, 2011

el amor imposible mas fácil que he tenido en el mundo.

Rafael Pascual  Mujer Mirando el Mar.
El viento del crepúsculo agitaba el follaje del castaño de india, el cielo se había teñido de malva. El sendero de plata, sobre la superficie inmóvil del lago que proyectaba la luna, comenzó a desaparecer. Entonces un abanico de perfumes discretos se abrió delante del mismo sol que comenzaba a salir apresuradamente del cautiverio frío y oscuro de la noche transformando la mañana en una cascada clamorosa de tonos rosáceos y anaranjados. El amanecer no dejaba sentir el rumor del suave viento agitando las tiernas hojas del verano en los árboles del jardín.
Jugueteaba con un largo rizo de su pelo liso enroscándoselo entre los dedos sin mirarme. Quizás no recordará nada. Ni mi olor. Ni los besos locos. Ni mi piel. Ni el momento en que dentro de ella me aprisionaba entre sus piernas para no salir, para esperar allí la eternidad, aferrados el uno al otro.
Ahora sus ojos oscuros y dulces con los que me miraba cuando nos sentábamos bajo el árbol estaban lejos. Se ha roto, ya, el fino hilo de complicidad,
Es tan fácil desgarrar un corazón. Es tan fácil cerrar los ojos ¿Cómo te puedo tener tan adentro? ¿Por qué me enamoré de ti? .Eres el amor imposible mas fácil que he tenido en el mundo.




lunes, mayo 02, 2011

Primer intento (con miedo aún)






PARIS  Ernest Descals

Pronto se fue yendo la luz. El sol del atardecer teñía de dorado las piedras. Bajo las viejas arcadas de las calles se percibía el  tierno aroma que el viento traía de las lejanas tierras recién aradas, mientras el ruidode nuestros zapatos levantaba, del suelo, el  frágil polvo de la nostalgia.
Un inmenso rosal trepador abrazaba la pared y allí, bajo las delicadas y frescas  hojas rojas, me besó como si el mundo fuera a acabar…

Por la ventanilla, entreabierta del tren, veía la oscuridad de la noche, salpicada de lucecillas lejanas  y mi propia imagen reflejada en el cristal. Era yo. Allí estaba mirando el ayer mientras el viento de la noche  me sonreía con todas sus fuerzas, como sonríe el amor  Quizás el amor sea  como el viento que viene y escarba  en todos los recovecos del alma  y se va lleno de tropiezos  cuando cerramos la ventana. Es tan fácil desgarrar un corazón, es tan fácil cerrar los ojos.
¿Cómo te puedo tener tan adentro?

martes, abril 05, 2011

Fue un tiempo y qué tiempo

Fue...

Un tiempo de inocencia.
Un tiempo de confidencias.
Hace ya tanto.
Debió ser en....
Conservo una fotografía.
Cuida tus recuerdos.
Son todo cuanto te queda.


La vida huye de mí y yo huyo de la vida. Mucha gente es como yo. No soy el único  en tender la mano hacia algo que se escapa. Ni  siquiera se poner nombre a eso… Recuerdo todo el tiempo que me pertenece. Y este me perteneció plenamente

lunes, abril 04, 2011

Malos sueños convertidos en suvenir por la mágia del tiempo Berlin Noviembre del 2010

lunes, enero 31, 2011

Un minuto de silencio por favor

YO HE VISTO CANTAR AL VIENTO
SERENATE FLOR DEL ARENAL....



miércoles, diciembre 08, 2010

Porque ocho meses de silencios son muchos y porque la lluvia de esta tarde me entristece el alma

Miguel A. Beltran S. lluvia en venezia
Cuando somos frágiles nos resquebrajamos como las hojas secas que se entremezcla con el aroma de la resina del pinar y el viento nos lleva de aquí para allá, golpeándonos con los salientes, sin un asidero donde sentarnos a llorar.


Cuando somos desdichados pintamos las palabras con silencios que pudren el alma

Cuando somos débiles nos rompemos en mil pedazos como una copa fina, lisa y transparente que alberga un buen vino y nos perdemos en mil rincones y bajo los sillones y aparadores donde nadie le da por mirar. Entonces desde allí contemplamos al mundo que con nosotros, destrozados, gira sin miramientos.

Mi vida, ahora, en nada se parece a la casa de mi infancia; Entonces había oportunidades de que alguien pudiera entrar por la puerta, en cualquier momento Ahora ya se que no hay ninguna posibilidad, que se ha esfumado el espíritu mismo de la casa.

Ya comienza a caer el ocaso y las sombras se alargan proyectadas en la pared…

Sólo era eso, sólo eso para esta tarde de ocho de diciembre y ahora la luz se difumina y desaparece...

jueves, mayo 27, 2010

*Besos brujos I (Escrito desde la inexperiencia)




Debra Hurd

































Ella sabia que para bailar se necesita, solamente, amar la vida, porque el tango es vida. Una vida que dura tres minutos escasos. Lo descubrió esa aburrida tarde de lluvia sentada frente a la televisión. Sintió ese placer infinito que suponía bailarlo. Más tarde percibió las alegrías que permanecían en su alma tras una noche de milonga. Ahora eran el entusiasmo y las ganas de volver a sentirse mujer. Sus hombros se desnudaron más sutilmente y su escote se acentuó revelando más hermoso el nacimiento de sus pechos. Era la magia del tango la que le acarició el oído dándole vida y haciéndola elegante. La que le permitió sentirse bella cuando hacía la pisada o el intento, erótica cuando el abrazo y la demarcación.
Ahora estaba allí. En ese punto alto desde donde veía ese tiempo sin ritmo que había sido su vida. Había sido un camino duro: La academia dos veces por semana, las clases particulares y las idas y venidas a las milongas donde podía dejar a su hija correteando entre los participantes. Y así dos años seguidos. Se había entregado de tal manera que olvidó muchas cosas. Pero ahora no miraba, ya, al antes, había descubierto que, nada de atrás le enriquecía tanto como ese futuro que se le abría delante. Ese futuro que tenia mucho que ver con “…ahora salgo del 2. Entro al 8 atrás con una parada y hago una mordida saliendo del 8 por delante…” y nada con aciagas tardes pueblerinas llenas de aburrimientos y bostezos del alma, de entradas nocturnas algunos sábados y todos sin besos que recibir.
Londres tenía un encanto especial esa semana. Mayo le daba un aspecto aun más espectacular. A pesar de la nube volcánica el sol brillaba en un cielo increíblemente despejado y todo incitaba a salir a la calle, donde un torrente de luz y color transfería una explosión de sensaciones.
Dentro de dos horas Alberto pasaría a buscarla para ir al duodécimo Festival Internacional de Tango en Londres. Estarían en los alrededores de la pista escudriñando, nerviosos todos los gestos de las parejas. Pero eso era dentro de dos horas, ahora, aún podía meterse en el baño caliente que se había preparado para calmarse. Se desnudo despacio, arrojando la ropa descuidadamente al suelo y, reconociéndose en el espejo, se metió en el agua cubriendo todo el cuerpo y la cabeza. Siempre le había gustado esa inmersión que concluía cuando oía su corazón retumbando. Entonces emergía con violencia de entre el agua arrojando una gran cantidad al suelo en el vaivén.
Flotaba en el agua como flotaba el recuerdo de la noche anterior cuando después de la cena y de las botellas de Lambrusco tomó a Alberto a las puertas de su habitación en un abrazo que impedía que la luz mortecina del pasillo atravesara sus cuerpos. Ella no se engancho, simplemente se acomodó fundiéndose de tal modo que se sintió una No se anticipaba y no se sujetaba cuando él se separaba a tomar fuerza y, como buena bailarina milonguera, no se apartaba ni lo desestabilizaba. Buscaba su mensaje en el pecho. Lo mejor de su situación era que ya no se detenía a especular sobre lo que estaba haciendo. Solamente sentía. Redescubría su cuerpo a cada instante sin sonrojarse y sin preocuparse de no reconocerse en esa situación.
Su vida era como un tango. Por eso esperaba para lanzarse a que la música estuviera al comienzo de una estrofa. Sabía que era el paso más firme y desde allí podía espaciar los movimientos aprovechando las pausas para recuperar su espacio vital y volver sin urgencias a pisar en esos tiempos fuertes y no meterse en los contratiempos sino al comienzo del compás. En esos dos años, había aprendido, que la entrega era suavidad, querencia. Era distensión. Pero hacia tiempo que ya no dejaba hacer al hombre en su vida. Era, ahora, ella quien marcaba. Quien elegía y sobre todo quien poseía y arrojaba de su vida con la misma premura que siempre utilizaron con ella o alargando la relación como se alarga la cuerda de la guitarra en espera de cualquier impulso para vibrar. Había transformado su vida en un tango. Pero sobre todo ahora era feliz
El espejo de la enorme habitación del London Paddington Hotel envuelto en el vaho no podía reflejaba su felicidad, pero cuando ella pasó la mano para limpiarlo vio como sonreía desde lo mas profundo de su alma. Era ella, satisfecha y en espera del comienzo del compás para volver a meterse esa noche de nuevo en el baile como colofón a su estancia en el festival Internacional de Tango en Londres. Pero quizás eso era lo que menos le interesaba ahora.



* Es el nombre de un tango que hizo famoso Libertad Lamarque. Esta compuesto por Alfredo Malerba / Rodolfo Sciammarella

jueves, abril 15, 2010

Gotas de lluvia

Miguel A. Beltran S. lluvia en londres










La habitación estaba a oscura, salvo la lámpara de pie que se encontraba al lado de la puerta y que tristemente proyectaba una monótona luz de color impreciso y en forma de columna. La lluvia zarandeaba iracundamente las diminutas aldabas que golpeaban los cuarterones de las ventanas de la habitación del hotel Claridge's

Y sin volverse, se dirigió a sentarse delante del escritorio, depositando las bolsas en el suelo y la gabardina sobre el sillón y encendió la lámpara para enfrentarse con más claridad a su trasformación, delante de ese espejo que ahora le devolvía, con una desanimada veracidad, en lo que se había convertido, en lo que se había reinventado. Ahora que ya no tenía esa presencia cercana en la que tener que confiar porque se había desfigurado esa tarde en la que descubrió que la vida es como gotas de lluvias, a la carrera, que zigzaguean, descienden, se elevan, entretejen sus caminos, fantasean y se desvanecen como las lagrimas que vuelven una y otra vez a precipitarse por nuestras vidas como ríos en las mejillas.
Esa apagada mañana mientras paseaba, bajo la lluvia mortecina por Regent Street y Great Marlborough Street, muy cerca de Picadilly Circus , le adelantó una pareja. Estaba segura, o al menos, lo estaba en esa mustia mañana, que fingían quererse. Sus miradas no se encontraron durante el tiempo que pasearon distraídamente delante de ella. No hubo roce fortuito ni consentido. Él vestía un traje que le venía grande y ella llevaba un gesto hosco en la cara. A punto estuvo de preguntarle si fingían. Sí se vigilaban en las noches de lluvia, llorando, a escondidas, sus desdichas. A punto estuvo de pararlos para sonsacarles quién de los dos seria el primero en desear morir, como mueren las gotas de lluvia, para ahorrarse un sufrimiento.
Le vino a la memoria la última conversación que sostuvo esa ya lejana tarde. Se estuvo viendo por un momento delante de la taza humeante de café en aquel restaurante donde se dijeron adiós.
- “Nos empeñamos en enamorarnos de las personas, sin percatarnos que lo que realmente nos conquista es la circunstancia y como las gotas de lluvia que corren por el cristal, a veces cruzan sus caminos aunque nos cueste aceptar que deben separarse porque es ley de vida.
Un día descubrimos que nuestra circunstancia ya no nos atrae, que ya no nos dice nada y entonces golpeamos los cristales de la ventana ,como gotas de lluvia, esperanzados en que alguien nos oiga y nos sostenga en esa carrera desesperada hacia la muerte en que se convierte la vida junto a otra persona a la que ya no queremos.”
-Debe ser eso -Comentó él sin apenas mirarla cuando se levantaba para marcharse.

Comenzó a desabrocharse los zapatos rojos que había comprado en Mulberry y después de quitarse las medias, con las manos intentó darse un masaje bajando su mano, que abarcaba toda la redondez de su pierna, desde la rodilla a la planta del pie, con un movimiento continuo, de arriba a bajo. Una y otra vez, de arriba a bajo… De arriba abajo… La otra mano se la llevo a la botonadura de su camisa azul y se fue desabrochando torpemente los primeros botones que dejaban asomar el comienzo de unos encajes blancos sobre unos pechos, que pugnaban con ahínco por salir.


Allí estaba absorta, mirándose sin verse porque estaba a muchas horas de ese triste espejo que la contemplaba.
De repente un rictus en su rostro le trajo de más allá del tiempo y se levantó rápidamente dirigiendo sus pasos hacia el sillón donde había depositado su bolso. Lo abrió y extrajo el teléfono móvil y con rapidez, volvió de nuevo al escritorio donde destapó la carcasa roja y buscando la mejor luz comenzó a moverse al tiempo que marcaba un número de forma compulsiva.


En el otro lado Leonard Cohen y su Dancing to the End of Love creciente comenzó a sonar entremezclado con los sonidos de Hey There Delilah. Apartó la vista de la pantalla del ordenador buscando con la mirada de dónde surgía esa musiquilla. Al encontrar el causante de haberle roto su concentración vio que era ella y deslizó suavemente la tapa del móvil hacia arriba Leonard calló repentinamente
- Yo no voy mirando por la calle a las personas y menos se me ocurriría preguntarle esas cosas
- y ¿por qué no?
- Pablo ¿conoces esos sitios? ¿Has estado alguna vez? Estoy viendo en Internet ese hotel y nunca he estado en algo parecido… Oye ¿estas allí?
- Si, si que estoy. Quería oírte. Hacia tiempo que no te oía.
- Pues coge el teléfono y llámame. No me hagas andar por sitios que no conozco y que no me gustan, como esas frases que ¿de dónde la sacas?
- ¿No te gusta lo que he escrito?
- No me gusta que me hagas decir esas cosas y menos que las uses para una separación. Esa tarde no dije eso.
- y ¿qué más da? ¿Qué más da Isabel? - Y le colgó inesperadamente. Al momento Leonard Cohen comenzó a sonar. Realmente se llevo toda la tarde de ese quince de Abril del dos mil diez cantando
-Debe ser eso. Debe ser eso- Repitió mientras apagaba el teléfono y se marchaba a la calle a recordar, esa ya lejana tarde de su última conversación.
De modo que resolvió de la manera más razonable, la única posible, sin que crujieran las cuadernas de su relación, la situación

domingo, marzo 14, 2010

HOTEL INTERNACIONAL

Ya se que las cosas no se repiten pero a veces, es inesperado, para sorprenderte, para existir, virar en redondo, aunque sólo sea en el recuerdo y vivir los instantes en los que perdura la satisfacción por haber vivido algo diferente, incomparable. El haberlo encontrado en frente sin buscarlo. Tropezarte con un sentimiento no localizado, descubrir, que inadvertido, se alojan pasiones que no conocías y que dejan huellas indelebles escritas en el alma con la tinta del anhelo, me hace sentir joven, aunque ya se que pasaron, como pasaron fatalmente mis veinte y treinta años y también mis cuarenta. No quiero que se repita pero me hace feliz recordar, con ese fondo musical de acordeones, de tristes acordeones, una época lejana en el tiempo y entumecida en el sueño de la memoria

Paris, “siempre Paris” ¿cómo empezar? Bueno, mi vida tuvo un paréntesis corto pero intenso. Hoy lo he recordado cuando olí un perfume con sugerencias de frutas, de canela, clavo y vainilla. Era un aroma intenso, cuya fragancia nunca puede pasarse por alto y que perdura agradablemente. (Lastima no saber como se llama)Por eso volví la vista atrás con un poco de desgana, como buscando a la persona que rociaba con ese conjunto de olores encerrados en una fragancia cuyo nombre ahora no llego a recordar, pero que me llevo a un tiempo ya inaccesible…

Fue una mañana. Salíamos de la sucia y maloliente estación del metro de Saint-Lazare cargados de una escasa maleta. La niebla cubría como una mortaja la Rue de Vienne Y allí enfrente de nosotros y rodeados de personas que iban y venían se levantaba pomposamente, descascarillado y con un suntuoso nombre el “Hotel Internacional” en donde nos refugiamos durante cuatro días y cuatro noches.

No se como contar esta historia sin golpearme y sin herir a nadie

Arrastrábamos el cansancio y el sueño de la noche anterior en donde nos bebimos el vino de las últimas cepas del viejo Montmartre. Al entrar en la desagradable recepción olvidamos la resaca y el paseo (lleno de frío) perdido por la rivera del Sena de la noche anterior. El ascensor ruidoso nos llevo a la tercera planta, donde sorprendentemente nos esperaba un mozo con el equipaje que nos había recogido en la admisión. Mientras andábamos por entre los largos pasillos con una moqueta decolorada nos mirábamos de reojo, como buscando algún sentido a lo que estábamos haciendo. Una insensatez, originada, seguramente, por el exceso de alcohol y que ahora estaba a punto de concluir en una habitación anodina de un petulante hotel de un barrio del viejo Paris

La habitación estaba medio oscura y eso le daba una sensación de erotismo y pasión. Recorrimos con la vista los primeros rincones que distinguíamos y después de despedir al mozo nos fuimos directamente al mini bar que sólo tenia muestras de champán francés (como no) y que a juzgar por su aspecto estaba caliente.

Abrí la puerta del servicio y al ver la ducha se me apeteció quitarme todo el polvo del día anterior, con lo que comencé a desvestirme y desde allí alcancé el teléfono y pedí a recepción dos desayunos completos. Al volver a la habitación me la encontré mirando por la ventana. Parecía una fotografía en blanco y negro, si no fuera por su pelo rubio. La claridad de la calle entraba a raudales por la ventana, difuminando su hermoso rostro. Cansado, pero hermoso. La miré en silencio y ella no parecía darse cuenta de mi presencia, hasta que abandono su enajenamiento y me regaló una sonrisa. Una hermosa sonrisa, llena de revelaciones. Allí mismo nos besamos hasta que oímos el Tac Tac de la puerta.

Después de desayunar hicimos el amor durante toda la mañana
….
Que bonito es Paris. Pasearse por la rivera del Sena entre viejos libros y postales curiosas. Volver a vivir en el aroma de una ciudad que nunca duerme y es atenta con el visitante, quizás porque toda ella está hecha de los que un día fueron a asombrarse con ella.

sábado, febrero 20, 2010

He hecho un intermedio en mis pedazos rotos del alma porque me gusta la aventura de Rebeca en su blog http://unapartedelmundo.blogspot.com/ (también conocido por “Cosas que nunca te dije”) y espero que vayáis al sitio,