miércoles, julio 01, 2009

Hoy es mi cumpleaños. Cinco a cero contra una vida que Inexorablemente me vencerá. Cinco a cero contra la vida...
Me he sentado aquí enfrente de los cincuenta años, casi a la vera de mi última primavera. Detrás de todos, sin signos que me Identifiquen. El viento seco cuartea las regiones de mi memoria y
levanta en remolinos hojas secas en mi pensamiento...
A lo lejos ya veo brillar mis pantalones cortos... Son los años peores los que por mucho empeño no se recuerdan. De ellos tan solo sabemos que están allí, que irremediablemente están allí, y que jamás vendrán del recuerdo. Solo se recuerda lo que se vive, la infancia no se vive, acaso se pasa por ella sin mucha ilusión que acumular; El recuerdo se duerme y más tarde desaparece, de un día para otro, quizás de una hora para otra. La vida así no hace mellas, no deja recuerdos, a lo sumo olores y sabores que por segundo nos lleva a correr entre manzanas o por la cocina de quien sabe que persona y uno no se esfuerza en más. Tampoco se aferra a ella, significaría ahogarse bajo el peso de imágenes de palabras presumiblemente nunca vividas, presumiblemente nunca dichas (a nosotros no)

Viene cargado de mil pastos tiernos, de agrestes sierras llenas de vientos y aguas. De majadas colmadas de estrellas y quietud, de tomillo y romero, de lunas y silencios. Trae las raíces, el barro, la música del viento. También trae regiones y nombres, atardeceres que traen de la tierra olor a jara y a brezo. A mí en particular, me trae a mi madre y a la geografía planetaria de Cazulilla. …Mi padre llamándome desde lejos en un mar de trigo mientras iba directo al puente. La figura de mi padre y mía a caballo mirando la tierra, con ojos tiernos y bien abiertos; Toda la tierra con sus ríos y montañas me entraban mientras al paso recorríamos estas tierras que ahora intentamos mejorar para mis hijos. Mi madre a lo lejos viéndome crecer...
Las voces abarquilladas se amontonan en los rincones, mientras el moho que las cubren destiña las palabras...
El amor llamando a mis puertas con fuerza descomunal, con una fuerza desconocida hasta entonces por mí...
¿Cuántos nombres de mujer? ¿Qué mapas de sexo quinceañeros haría con cada parte de ellas que ansioso besé? ¿Cuántos olores, cuántos sabores?...Ah¡ el sexo inseguro y lleno de temores. Ah ¡ el amor humillado de mi adolescencia.
Y después Elena. Elena. Recuerdo cuando en el invierno llegamos al amor. Tenía hilos invisibles, largos, como ríos, que ataban su risa a la mía, haciendo estallar, en el fondo de nuestros ojos, la
alegría más bisiesta. Ahora ya sé que sin ella yo no sería yo. Sería otro yo distinto y ajeno a mí. Y quererme a mí es quererla a ella, por eso cada día me quiero más...

Las muertes, ¿cuántas muertes?, Guardamos tanto de otros en nosotros, que a veces empujadas por unos invisibles dedos, hechos de ratos, que se atan unos a otros, vienen fotografías
escondidas en la gruta subterránea de una época que no es lejana (Son frutos del árbol de nuestra vida).
¿Cuántas personas nos faltan?.¿ Cuantas palabras dejamos de decirles...?
Los desiertos de mi vida...
Los internados, las distancias de lo cotidiano, de mis padres de mis amigos, de Elena. ¿Cuántos años? Tantas cartas llenas de adioses, tantas lágrimas dejadas en la oscuridad de tantos internados.
Cuántos nombres aprendí y de tantas regiones... Cada persona tenía su pena en el acento de su terruño...

Luego vinieron los viajes; ¡Cuántas regiones ¡Cuánta geografía desordenada Cuantos puertos llenos de buques¡ cuantos aeropuertos nocturnos. ¡qué cantidad de kilómetros recorridos en
un sitio y en otro. Cuantos paisajes y personas en mi retina. Cuánto aprendí.
Salir de casa sin mis padres, yo solo contra el mundo, contra un mundo desconocido, contra un mundo adusto. Cuantas injusticias descubrí, cuantas lágrimas...¡cómo me cambió
Cuando perdí a mis padres que solo me sentí, que vacío estuvo mi vida. Me quedé sin nadie que me juzgara sin nadie que me guiara. Cuando comencé como profesor que ilusión. Como llenar de pan tantas tinieblas...Ahora queda poco de ello...

Y de nuevo Elena... La cuarta tarde de Enero enterramos nuestras viejas raíces y nos entregamos por encima de los nombres y hombres. Fue creciendo nuestro árbol bajo las frías estrellas Y entre los agrestes montes. Se cerró el mundo, volvimos a nosotros para oír. Para ver, para tocar el amor, para vivir. A buscar espacios para extendernos.
Nos crecieron dos ramas que hoy nos dan sombras y llenan nuestras vidas para que crezcan fuerte y sin torcerse...
Mis padres murieron más tarde de su muerte en mi vida, sentí y aún siento su muerte. Me dejaron grandes cosas, y también aprendí de ellos. ¡Qué tonto llegar a mi edad y darse cuenta de eso. Quizás haya que ser padre para reconocerte en ellos, a lo mejor a mi me abandonaron mas pronto, tal vez para que aprendiera la vida, tal vez... Pero carajo, que vacío me dejaron y que solo contra el mundo
...
Los años van subiendo los peldaños de la vida tan deprisa que esta se muestra lejana y difusa. Lo que antes se intuía como cierto a veces resulta que no era más que un sueño. A esta edad Todo esto no es más que un juego de adivinanzas sin sentido...
Hoy cumplo cincuenta años y solo quiero cumplir al menos cincuenta más(sí pudiera), para vivir para equivocarme, para cambiar el mundo con la misma fuerza que cuando tenía 15 años, pero ahora con cincuenta...
Ilusionarme con una puesta de sol, con un paseo en el barco, mientras las olas van y vienen. A caballo con mis hijos enseñarle la tierra de sus abuelos; Cazulilla. Gozar con un buen vino, una buena comida, un puro habano y una larga conversación sosegada sobre literatura. De vez en cuando los labios de mi mujer. Un buen libro me volverá loco. Ir con mis hijos al teatro o mejor ver a mis hijos en las tablas a las que yo nunca me atreví a subir será muy emocionante. Andar con Pepote por los sitios en los que antes estuve es lo que más deseo. Sentarnos los tres y escuchar la música que me emociono que me hizo brillar. Escribir los versos que nunca hice Y sobre todo llegar a casa y vivir, no envejecer con Elena
El tiempo deja tras sí otro tiempo mucho más duradero. El ayer jamás será el hoy que tan intensamente vivo, ni el mañana que me espera preñado de ilusiones...

lunes, mayo 04, 2009

¿Quién sabe donde nace el viento?

Gustave Caillebotte Villas a Trouville


Una suave brisa empezaba a soplar del sur arrastrando consigo el aroma salado del mar mientras el sol dibujaba sobre el césped verde y los parterres multicolores sombras caprichosas, que al paso de las nube desaparecían. Ella estaba recostada en la tumbona jugando a cerrar los ojos y a no existir, pero el frescor que se mecía en el aire se lo impedía constantemente. La tarde pasaba despacio, lenta y suavemente despacio.
Él estaba recostado en el tronco del antiguo magnolio con la mirada perdida en el horizonte. Sus pensamientos reventaban como una irisada pompa de jabón en un delicado sonido, a penas perceptible. Entonces no quedaba más que un vago recuerdo de algo que fue.
La tarde cruzaba perezosamente las horas que faltaban para acabar. A un tiempo le seguía otro y era difícil adivinar que hora del día era, a no ser que se observara como el cielo había palidecido y mostraba ese color frágil en el que el azul aún se insinuaba
A veces los recuerdos mienten. Nos imaginamos cosas que no existen solo porque nos gustaría que hubiera sido así. Pero la realidad es muy distinta. Para ella era muy distinta.
Todo había cambiado extrañamente. La siluetas eran menos perfiladas, los colores mas empañados. Los aromas, incomprensiblemente, mas apagados. Sintió miedo de que los sonidos de su vida no tuvieran el eco de antes.
- El amor nunca se olvida.; Queda escondido para siempre en alguna parte del cerebro para volver a salir cuando uno menos se lo espera- se dijo a si misma como quien escucha el silencio de una voz que ya no es posible oír.
-¿Quién sabe donde nace el viento? ¿Sabes tú donde nace el viento?
Quiso preguntárselo. Sabía que era imposible que ella lo comprendiera. Hacia ya tiempo que entendió lo lejos que estaba de él. Cuando no se puede lo que se quiere hay que querer lo que se puede, y él aprendió a querer lo que podía alcanzar.
-¡Qué sencillo sería si todo estuviera escrito! Pensó mientras se levantaba y la miraba con ternura. Veía su pelo rojizo y mentalmente colocó su mano sobre esa flor de carne. Le gustaba imaginar, sentir la suavidad de su piel, la juventud que ofrecía y que, en cierta manera, le devolvía a él.
Un polvo fino entraba por la ventana y se posaba sobre todos los objetos mientras, a lo lejos, el sol tornaba los tejados rojizos, casi sanguinolentos, con sus últimos rayos

Que extraño era todo

jueves, abril 16, 2009

Una extraña brisa comenzó a soplar entre mi amor y tú


Camille Pissarro autumn path through the woods 1876



























Le venían a la mente, por extraño que parezca, incluso detalles en los que él nunca antes había reparado; El intenso azul del cielo con esa nube larga y estrecha meciéndose en el aire. El olor a tierra seca. El color ocre de los campos calcinados por el sol. El ladrido de un perro a lo lejos y los cipreses en la cumbre de los cerros cercanos que parecían pequeños faros de vigilancia
La tarde caía despacio, el viento bajaba de las colinas cargado del perfume de las flores El silencio fluía entre ellos, raro e intimo. El sol que se filtraba entre las hojas de los árboles creaba pequeños juegos de sombras sobre su rostro, que la hacia irresistible
Se puso a reír. Cuando se reía inclinaba la cabeza ligeramente hacia atrás, mostrando una dentadura perfecta mientras arrugaba la nariz y aparecía un hoyuelo en la orilla de sus mejillas. Unas almendras dibujaban sus ojos oscuros. Era tremendamente hermosa
Apoyo sus manos, ahora nerviosas, y casi adolescentes sobre los hombros de ella.
Acarició lentamente sus cabellos, saboreando el gesto. Descendió por sus mejillas, rozó su cuello, alzó el pequeño rostro y clavó en el, los ojos, ahora, enormes, lleno de miedo y ternura. Cuando la besó le pareció que era la primera vez que besaba. ¡Qué poco tiempo necesita el amor para amar!

Cuando acabó su risa forzada se instaló un silencio cruel y difícil, que ella se empeño en ahuyentar por miedo a comprenderlo y se entregó resignada a sus caricias y besos mientras la tarde pasaba eternamente monótona, eternamente triste

domingo, abril 05, 2009

Nadería andaluza o tontería nacionalista





Gustave CAILLEBOTTE 1848-1894

















Cuando era pequeño en el verano nos protegíamos del calor de las tardes en los cuartos oscuros con historias que cada uno traía. Era verdad que las que más éxito tenían eran las de miedo, pero éramos tanto que había para todos los gustos
Hoy he recordado esas tardes porque he vuelto a escuchar esa historia sobre Andalucía que hace ya muchísimos años escuche en el salón oscuro del fondo de la casa

Más o menos decía así:

Cuando Dios estaba creando el mundo, y ya había establecido donde estaría el cielo y la tierra. Cuando ya había imaginado la luz y el agua y ya había concebido los colores y el sonido. El día en el que le tocaba separar lo seco de lo húmedo, escuchó una vocecita lejana que le pedía un cielo siempre azul. Dios, como era el creador le cumplió el deseo. Y desde entonces, el intenso azul del cielo (con esas nubes caprichosas) nunca abandona a Andalucía
Y viendo Andalucía que preciosas eran sus mañanas y tardes le pidió a Dios un mar también azul, en donde poder nadar. Y claro el creador no tuvo mas remedio que dárselo, al fin y al cabo no era tan difícil hacer lo que se le pedía
Al día siguiente Andalucía se acercó al creador y le dijo: Quiero tener frutas dulces
Y Dios fue derramando las semillas del melocotón, nectarina, cereza, ciruela y albaricoque, de la manzana, pera, plátanos, chirimoyas, duraznos, de la guayaba lima y limón de la mandarina, mango melón naranja y nísperos de la papayas pera piña tamarindo toronja y uvas. Y Andalucía las probó y supo aprovecharlas para otros menesteres y así se hizo mas sabía con el cocimiento de la semilla para ayudar a controlar los trastornos de alguno de sus hijos.
Y Andalucía se quedó contenta y no pidió nada más al creador, por lo que Dios, generoso, le dio las mujeres más hermosas.
Andalucía se lo agradeció, haciéndole coplas y poemas (“Que en Sevilla las flores van por la calle….”)
Y un buen gobierno pidió Andalucía
-No, dijo Dios, -eso es demasiado. Conténtate con ser un paraíso terrenal

Y así nos va desde entonces

Solo era eso para una tarde de un Domingo de primavera, cinco de Abril del dos mil nueve que pasa sin empaque ni pretensiones, pero lentamente y a demás perfumado a azahar

viernes, marzo 20, 2009

Cancion rosa para una pubertosa VI (Ella vendrá con Abril)

Jean Baptist Camille Corot paisaje campestre

Ella vendrá con Abril,
Cuando la lluvia
Empape su camino
Y vague con la noche
Perdida en su melodía.

Cuando los campos escarchados,
Despierten de sus sueños,
Oirán su más triste sonido.

En Mayo su tonada
Será más suave
Y los vientos olvidaran su canción

Yo la recordaré
Cuando el otoño sople
Y las hojas que caen
Me recuerden su balada

jueves, marzo 05, 2009

Canción rosa para una pubertosa V (Te quiero)

Vincent Willem Van Gogh Pareja en el parque. El jardín del poeta. 1888























Te quiero
Y el viento mece las espigas
Y el viento acuna tu alma
Y mi cuerpo se estremece
A la orilla de tus ojos de Tierra

Te quiero
Y el agua moja las mieses
Y el agua empapa tu pelo
Y mi alma se zarandea
Al costado de tus ojos de Tierra

Te quiero
Y la niebla esconde el trigo
Y la niebla cubre tus ojos
Y mi corazón se zarandea
A la orilla de tus ojos de Tierra

Te quiero
Y el sol abrasa el cereal
Y el sol quema tus ojos
Y mi fuerza se zarandea
Al borde de tus ojos de Tierra

miércoles, febrero 04, 2009

A aquellos de nosotros que deberíamos haber sido amantes

Rosa Vidal Tosas
La tarde tiene una tonalidad sepia. El azul del mar y del cielo es un azul sepia, lo que hace más difuso el horizonte ocultando el amarillo del Sol.

Te miro aquí, tumbada. Yo estoy aquí, junto a ti, repitiéndome, mentalmente, todas las ideas, mientras a lo lejos un niño hace castillos de arena y las olas baten fuertemente deshilándose en millones de gotas azules.
Te miro, aquí, en la misma arena en la que otros también se han tumbado. Tu bañador es amarillo, pero no lo miro, miro tu rostro y pienso que eres hermosa.
Te oigo respirar dulcemente, mientras te vas montada en un largísimo adiós y pienso que es la primera vez que te veo, como al principio, sosegada, sin crispaciones, sin angustias a flor de vida.
El crío allana con un rastrillo la tierra, quitando las conchas desenterradas, que deposita en un cubo rojo, mientras que con otro va humedeciendo la arena

Te contemplo dormir y pienso en ti, en nosotros.¡Dios mío¡ qué jóvenes éramos, que jóvenes somos aún. De niños nos hemos convertido muy pronto, demasiado pronto en pareja, por eso aún persiste en nosotros los caprichos y los enfados justificados. Por ello nos encontramos perdidos en nosotros ¿cómo no perdernos? Es tan difícil, hace falta tanta fuerza de carácter, tanto equilibrio.
El chico va agrupando la arena húmeda y con sus manos va perfilando las murallas mientras que con una palita azul va haciendo incrustaciones a modo de almena que compacta con el dedo
Veo como duermes, y en tu rostro no hay miedo. No estas al acecho. Te observo una y otra vez. Te conozco tanto y tan bien…. Quizás hemos envejecido antes, pero ¿de qué manera y a qué precio? A fuerza de querernos nos hemos ido haciendo daño. Y porque nos queríamos nos hemos ido cerrando en nuestros defectos y virtudes. Al principio te encerrabas en ti, en ocasiones, luego fue haciéndose un hábito (como la sacarina) y creo que ahora es una necesidad. Yo he de respetar tu intimidad, pero eso te hace mas vulnerable y en el fondo te lastima.

Tú nunca has aceptado, ni siquiera comprendido este papel que te ha tocado vivir. Te revelas una y otra vez contra ti (¿Y quién no lo ha hecho?) pero tu lucha no conoce fin, porque tú misma eres lucha y es por ello que siempre estas en guardia y te sientes perseguida. Ahora dulcemente dormida, abrazada por el sol y por el salitre que se reparte por los angostos poros de tu piel primeriza, te veo serena.
Con los dedillos de las manos va horadado a ambos lados de la barbacana hasta que una sonrisa le delata y ya sabe que ha abierto una portilla
A veces pienso si vivimos juntos o solamente a nuestro lado….
Te miro mientras duermes y pienso que tú misma te dices: “Vamos a inventar crear resistencias para que de esta manera todo tenga mas sabor” Sino no tendría sentido este distanciamiento tan cercano. Tú estas aquí pero demasiado lejos como para comprender que mi destino me quita con una mano lo que me da con la otra y esa es mi única angustia.

Tú te ciñes rápidamente tu corona de orgullo y como un victorioso romano saludas a todos desde tu pedestal. Pero a mi no me puedes engañar, porque por dentro algo se tambalea y antes tus ojos eres la primera en caer. Tú no has querido que te recogiera. Pero ¿no es ese el verdadero precio que debemos pagar.
Se afana en traer otro cubo de agua al que incorpora entre grititos arena y rápidamente la vuelca en una esquina de la muralla golpeando suavemente con la pala el culo del cubo y suavemente lo va levantando, aflorando en sus ojos la sorpresa de encontrarse con una almena a la que remata con conchas que su madre descuidadamente le va facilitando
Nada ni nadie nos obliga. Solo nuestro corazón. Yo no creo que sea miedo a separar la vida. ¿Cuando te vas a explicar que te debes a mi como yo a ti por el simple echo del amor. Ese amor que debemos buscar, no la dicha propia sino la de los dos?. En ese caso las perspectiva no tienen limite..

Tú aquí tumbada, con tus hermosos ojos cerrados no escuchas mis silencios
Poco a poco la playa se va quedando sola. La madre se lleva al niño que con resignación ve cada vez más lejos su fortaleza. Su castillo ha acabado. Si vieras lo hermoso que es….
Y ahora ya ves Te miro mientras duerme. Las olas poco a poco tamizan el castillo de arena. La larga escalinata va desmoronándose y las conchas vuelven, de nuevo, a hundirse en la arena, después de un breve instante de flotar entre la espuma… Te miro una y otra vez. Quiero que todas mis miradas te conforten. Decirte una y otra vez que nunca has estado tan hermosa. El mar se va adentrando hasta nuestros pies y tú estas aquí, tumbada, tan tranquila. ¿Para qué despertarte?. También yo podría confundirme con esta tonalidad sepia y pasar desapercibido entre las conchas que se hunden en la arena. Mañana sería el tesoro de un naufragio Pero es que te amo. Te amo tanto.

viernes, enero 30, 2009

Cuanto tiempo

Rosa Vidal Tosas niña sentada en la playa















Cuanto tiempo sin encontrarme contigo. Sin el contagio de tu virginidad. Sin la blancura apacible de tu alma incólume, Cuanto tiempo sin venirme la vida de golpe al corazón (la palabra es una revelación que el corazón le hace al cerebro, este después la interpreta y le da forma) Sin que se reparta la luz al instante a través de todas mis venas, por la intensidad de la piel socavando mis mas dulce tranquilidad e impulsándome al sacrificio (Hermoso sacrificio) de sufrir tras el rastro de las palabras, tras la búsqueda salvaje de los conceptos menos artificiales.
Cuanto tiempo…
Y ahora, ya sentado, delante de ti. La luz Exacta y entrando por arriba (como entran los sueños). La silla, la misma y sufrida de siempre. La pluma lista para correr y preparada para verter su sangre sobre ti. Mientras la vida, bruscamente, va entrando a empujones; Una idea deprisa y torpemente va atropellando a otra. Y así, poco a poco, voy quedando yo tú y algunas palabras salvadas, nadie sabe la causa (la vida raramente da explicaciones) en la realidad para que inmortalicen este instante de hoy treinta de Enero del dos mil nueve para siempre.
Es lo mas autentico que existe

martes, enero 13, 2009

Catálogo para una despedida




Vincent van Gogh. Fishing Boats on the Beach.













Cuando uno se va se mueren las cosas (que han vivido con nosotros).
El lastimero tañido de la campana de bronce que aflora al roce de las llaves que se abandonan, descuidadamente sobre la mesa de la entrada. Las pisadas rápidas sobre el parqué y el murmullo de un beso En el silencio de la noche oyes el goteo del grifo o el tic- tac del reloj (que se resiste a no ser digital), las voces venidas de lejos (de detrás de la pared) de un vecino, o el rugir nocturno del camión de la basura, que a pesar de ser las tres de la mañana pita al coche mal aparcado. Simon and Garfunkel atrapados en el concierto de Roma (31 de Julio del 2004) marcando la banda sonora de mi vida
Cuando uno se va se mueren las cosas. El suave perfume del suavizante de la lavadora. La agradable fragancia de una cabeza recién duchada. El ligero aroma de unos claveles recién traídos de Cazulilla en el florero. (Para que huelan Manuel le coloca, en las raíces clavos de olor de especias cuando los planta).
Cuando uno se va se mueren las cosas. El blanco de las molduras de escayola que hace cuarterones en la paredes albero.
La luz del océano que traslada el Guadalquivir entra por el ventanal trayendo saludos lejanos que se sientan cómodamente en la cretona listada del sofá, donde tanta vida hay al pairo de una camilla y desde allí escudriña los anaqueles oscuros en busca del Lobo estepario, de Paula, del Navegante de Contraluz*… (María Moliner ha envejecido tan mal que su hermano menor se abre paso a empujones)
El espejo sobre el aparador ya no devuelve imagen alguna.
Los visillos por los que se cuela la tarde,(hoy tan fría y triste) mientras se secan las cucharillas de café y el humo de los cigarrillos hace columnas que ascienden desde el cenicero a los ojuelos de las cortinas por donde pasan los rieles
Los barcos de madera a punto de zarpar en este río que se va a la mar tan pronto.
los corales de Sudáfrica…
La torre Eiffel asomándose a las pirámides y al camino entre cañas de un atardecer en blanco y negro de Mazagón. Las calles del Cáceres antiguo en cuyas esquinas se encajan la bicicleta o el ventanal, la lona de una caseta de la feria de abril. Los faros… Los faros… Incluso la sonrisa de una niña que ya ha dejado de serlo
La arena de isla negra sosteniendo en el tiesto de cristal las altas varas verdes de juncos y las conchas de tantas playas. En la vasija, el poto verde de hojas verdes gigante
En los últimos instantes del crepúsculo, las lámparas tiznan de sombras el techo blanco arrojando sombras sobre la biblioteca. Entonces el mar que cuelga que color tan distinto tiene

Es la vida que pasa y que no pregunta por nosotros porque ya nos hemos ido o porque ya no existimos. La puñetera , que pronto olvida, aunque savia nuestra lleve.
*Contraluz es un libro de Ricardo Martín Reina de la editorial Sarria

miércoles, diciembre 31, 2008

A todos...


Sabina en el parque Natural del Alto Tajo (Guadalajara)


A todos los que hemos andado este largo camino, trillando palabras y aventando pasiones
A todos los que se han quedado sentados en cualquier piedra huérfana de cualquier vereda.
A todos los que en el paseo por los carriles dejaron algo suyo. (Penas y alegrías, dolores y gozos…Sentimientos)
A todos los que el viento ha tratado de empujar fuera de la senda astillando su confianza, para volver más fuerte.
A todos los que el agua les ha obligado a guarnecerse entre los árboles de la ribera mientras nacía la música con cada gota que caía de sus ramas
A todos los que el Sol ha quemado
A todos los que el frío les ha hecho dudar de seguir y siguieron
A todos los que la tarde ha entristecido sus caminos secándolos como las cucharillas de te en los platillos en los atardeceres ya avanzados
A todos los que la noche ha embrujado sus caminos para traernos las huellas de sus pasos
A todos recordar:” que el camino, si se nos hace largo, lo andemos cantando, si se nos hace pesado, lo transitemos silbando. Que los amigos que dejamos, en el corazón, no nos pesen porque mejores amigos encontraremos en nuestro nuevo sendero. Que a la gente que encontremos le demos lo mejor de nosotros. En cada mirada, en cada palabra. En cada sonrisa, en cada gesto. No olvidemos, que estamos llenos de una nueva vida.”
A todos feliz año 2009

lunes, diciembre 15, 2008

Cinema Paradiso

Sólo quiero deciros que a noche volví a ver Cinema Paradiso. Es de esas pocas película que están para verse y volver a verse, en casa, porque esta preñada de memorias y placeres y me hace sentir el intimo vértigo de ver con ojos envejecidos las mismas imágenes que viví con ojos de veinteañero en aquellas grandes pantallas de los Pacios del sueño.
Sólo era eso para una tarde lluviosa y gris

sábado, diciembre 06, 2008

La vida se nos llena de penúltimas cosas.

















Claude Monet La casa azul en Zaandam (1871).

Como el mes de noviembre y el sábado, como el ocho y la penúltima vez que se acaricia la piel tersa que recuerda el dulce olor de la primavera estallada entre dos cuerpos que se aman.
Como el otoño del dos mil siete y como las once y cincuenta y ocho de una noche llena de silencios, de sombras y tragos cortos e intensos.
Como el melancólico azul tristón del arco iris y el rojo ensordecedor e intenso del sol rojo antes del anochecer.
Como el verdor del trigo antes de la cosecha estival y como el amarillo-oro de las hojas de los robles antes de caer en los fértiles suelos, profundos y húmedos
Como “Contraluz*” besando con su contraportada gris el ultimo libro de la balda y como “Bookends “de Simon &Garfunkel
Como el color rojo cuando sale la Luna en cuarto creciente y el refulgente relámpago en la oscuridad de la noche que precede al lento trueno.
Como el dedo índice y los visillos blancos delante de la ventana. Como las tontas equivocaciones que se corrigen y la rana verde que se convierte en príncipe.
Como las vísperas y la madurez, como una copa a las seis de la mañana y como la cilíndrica vocal “o” clara y palpable. Y la finalista consonante “y “que no acaba la carrera.
Como el valle que deja el agua del río para escabullirse entre los pedregales hasta el mar y como el gusano de seda antes de ser una lindísima mariposa policromática, que se dejó pegado en el trozo de sudario en el que ha pasado todo el invierno.


La vida está llena de penúltimas cosas, de penúltimas orillas.
Lo penúltimo es corto pero alarga las sombras porque el sol roza el monte detrás de nuestra espalda.
Hay penúltimos sorbos, como hay besos penúltimos y penúltimas curvas para mirar lo andado.
La vida se nos llena de penúltimas cosas.
El penúltimo día del verano, lleno de penúltimas orillas donde mirar.
La vida se nos llena de penúltimas cosas.

* Contraluz es el libro de Ricardo Martín Reina Editorial Sarriá

miércoles, noviembre 26, 2008

Isadora Duncan

Leon Nikolajewitsch Bakst retrato de Isadora Duncan



Las palabras fueron bebiendo
El rocío de tus manos,
cuando mendigabas
en palacios deshabitados.
Sentiste, en las sombras apretadas
de las tinieblas,
como los sonidos
cubrían tus dorados contornos.
Aferrada a la espuma
surgías en cada salto

sábado, octubre 18, 2008

Ayer volví de nuevo a Cazulilla


(Fotografia de Cazulilla)
Un delicioso aroma empieza a desprenderse de las tierras húmedas y perfumadas mientras que el suave viento del otoño trae la fragancia de tierra removida de las besanas en este equinoccio abantón. Entra por el enrejado verde de la ventana, perfumando la habitación que a fuerza de oír la canción triste de la estación despertó. La mañana comienza con fuerza.
Un suave viento de octubre trae hojas perdidas que de pronto se enredan en las recias ramas del romero y la alucema del jardín, colmándolo con los prodigios de sus pigmentos anaranjados, rojizos y amarillos. Que contraste con los nardos y las gitanillas con los magnolios en flor con sus pétalos grandes hacia arriba, como buscando esa oportunidad que nadie le ha dado. Que contraste con los saúcos y las moras maduradas. A su lado desayunar es un espectáculo de luces y colores, de olores que traen de la memoria veredas inolvidables por donde andar perdiéndote con toda esas personas con las que un día fuiste feliz… Este suave viento de otoño…
Las últimas abejas inventan la música saltando en el agua, intranquilas. Mientras que del granero viene un suave murmullo nacido de la charla del trigo ya almacenado. A lo lejos los cascos de los caballos resuenan en el albero mientras silba el viento entre las ramas de los verdes olivos ya cargados.
En las acequias se atan una gota a otra hasta formar un caudal cantarín entre las mudas piedras que corre rápido a buscar la vencida de los labrantíos.
Y yo estoy en medio de este mundo de resonancias, de colores que estallan y suben a los árboles de la estrecha alameda para llamar a gritos a la luz del otoño, para avisarla. Entonces una fina hebra de aire bate sobre toda la geografía de Cazulilla, que se llena de viajes y viejas distancias
Desde donde estoy, desde el centro del planeta, veo la tierra preparada para el amor. Mañana Pepe, Miguel, Carlos, Domingo, Román y hasta “Jeromito” desde su bicicleta, saldrán con los tractores a preñar a Cazulilla. Pero eso será mañana, hoy el almizcle se apresura, galopando, por las besanas con ese reflejo a felicidad.
El mediodía viene anunciado por las voces de la chiquillada que se llaman unos a otros para sentarse a la mesa mientras que con pasos pausados y desde la lejanía yo me voy acercando a mi casa donde ya se oyen las conversaciones y el descorche del vino bajo el porche. Elena me besa y el universo aflora en ese corto “te quiero” que me susurra al oído.
El almuerzo es largo, las conversaciones se entrecortan con otras conversaciones llenas de vida, llenas de anhelos de certezas, de certidumbres, de confianzas y de convicciones de nueve hermanos con esperas y anhelos. Y cuando ya vamos quedando pocos el sonido de la tertulia se convierte en un rumor que con la tarde se va callando hasta convertirse en un susurro lejano. Que lentitud respirar mientras Cazulilla borda los olivos en calma
Rumores de golondrinas vuelan sobre las aradas mientras caminamos liando un cigarrillo de “Cardo de gallina” mientras Simón nos confiesa sus preocupaciones sobre Albahaca que no quiere amamantar a su potro Algarrobo. Son cosas que uno no entiende el porqué pero son así porque siempre han sido así, y no podemos venir los de la ciudad, a pesar de nuestros estudios, a cambiar la costumbre de los siglos.
La gente del campo son sabia; Ellos esperan a que se les de todas las razones posibles que a uno se le ocurre para al final ellos concluir con la única que es verdad. Están saturadas de experiencia: Son gente sabia
A lo lejos, las luces comienzan a trepar por las ventanas del caserío y un bello cielo rojo se extiende desde la línea del horizonte hasta poniente y escasas estrellas comienzan a asomarse. La noche comienza a caer en susurro sobre Cazulilla matizando los naranjos del camino de entrada y los rincones que se esconden entre los olivos de la vereda.
Tan exacto como la araña terrestre que nunca hila en otoño, la noche ha bajado a Cazulilla