jueves, octubre 22, 2015

Parece que siempre hago las cosas a destiempo y nunca doy con el instante preciso.

Venía de tan atrás... Hacía tantísimos años que no oía esta melodía, que en aquel tiempo supuso tu nombre, que me arañó el alma. Entonces me  apoyé en el tronco inclinado de  la memoria y volví a cerrar los ojos para ser otra vez yo con quince años, para vernos de nuevo a los dos andando mientras en la calle hay un silencio  absorbente. No se mueve, a nuestro lado, ni personas, ni automóviles. En el cielo claro de la tarde de mayo no hay pájaros. Es como entrar directamente en la boca del pasado.
Tu pelo rubio era una melena corta y ahuecada con las puntas hacia arriba No podría decir cómo eran tus ojos aunque recuerdo que me gustaban cuando me miraban. Tu cara si sería capaz de reconocerla, después de tantos años. Eras guapa, y cuando sonreías lo eras aun más. Me vienen a la memoria tus  labios, tan suaves. Indecisos entre la sonrisa y el silencio, pero para serte sincero no podría decirte gran cosa de ellos ahora.
Siempre sentía ganas de acariciarte y ese pensamiento me ponía los nervios a flor de piel. Ya sabes esas mariposas que  hormiguean en las paredes del estómago 
Era agradable estar contigo. Eras muy diferente a las niñas que entonces conocía. Muy diferente. Me encantabas cuando sonreías y enredabas  un mechón de pelo en tu dedo, mientras me mirabas de esa forma tan persuasiva. Si me hubieras podido  dejar los ojos un instante seguro que me hubiera visto  con esa cara de sorpresa que me sube cuando soy feliz. Si te hubiera podido robar la palabra quizás te  hubiera descrito cómo me hacías sentirme de lleno
Y una tarde nos estrechamos largamente, con fuerzas y yo aspiré el olor a hierba húmeda y musgo que tenia tu cuello. (Entonces leía mucho a Neruda, así que el recuerdo que perdura de tu fragancia es esa ¿Podrás perdonarme?)
Tus manos, grandes para mi costumbre eran eternas en esas escasas tardes que jugamos a descubrirnos.
A decir verdad, para no tener no tuvimos ninguna historia que sea digna de recordar, nada que pueda, ahora, con el paso del tiempo, volverse,  como esquirlas. Aquello tan solo puede levantar la escayola, el  yeso del recuerdo, de ese inesperado recuerdo, dejando al aire momentos y personas  que traen nostalgia. No hay vencedores ni vencidos. Villanos o heroes
Fueron escasos días. Por entonces yo estaba interno y muy lejos de aquí. A veces venia los fines de semana, a veces…Pero recuerdo que de los pocos que vine hubo algunos que, al igual que hoy al encontrarte en facebook , me hicieron felices.
Quizás, bueno quizás no, seguramente, no te acuerdes de entonces,  ni me recuerdes. A lo mejor ni  trates de esforzarte en escarbar en tu memoria para que afloren aquellos escasos  días de cuando teníamos quince años, (tú tenias catorce, o a lo mejor yo dieciséis y tú uno menos, vete tú a saber ahora)
Cuarenta años más tarde no me  he vuelto  joven, otra vez, pero me ha hecho feliz.
Solo era eso para una tarde sin muchas prisas y con algunas huellas venidas de ese tiempo que ahora, se asemeja a una tarde gris de un domingo cualquiera
E. Hooper 



domingo, septiembre 06, 2015

“…Si tú me olvidas yo te olvidaré hasta el día que tú regreses…”*

  *De la canción “Sodade” de Cesária Évora      

    
Hay geografías  de las que uno  no  puede dejar de enamorarse y hay mujeres a las que  uno no  puede dejar de desear. Por eso ayer al pensar en Portugal, los recuerdos tenían un color sepia, y su tiempo era lento y secuencial, como las olas de este septiembre  ¿Recuerdas la Alfama, allá por Lisboa? Días de vagabundeo al mediodía por esas calles tristes bajo las sábanas colgadas de las cuerdas que se trababan entre los balcones llenos de macetas de colores  y mujeres asomadas cuchicheando mientras  los dos íbamos cogidos de la mano, inventando  el aire, la luz, los colores los sabores y los olores de los besos que en cada callejón, en cada escalera se nos quedaron prendidos. Tan prendidos, que ni siquiera hoy han logrado marcharse

La Alfama… Tardes de siestas, no tan descansadas y libros amarillos. De tranvías amarillos en los que subíamos hasta lo alto de  la colina de San Jorge  a trepar  por las murallas del Castelo de São Jorge. Lisboa estaba preciosa. Después bajábamos hasta el estuario para pasear  por entre los soportales de la Praça do Comércio, mientras el Tajo escondía los últimos peldaños de sus  escaleras y las gaviotas nos sobrevolaban. Enseguida más besos mientras recorríamos  las librerías del viejo Chiado 
Me viene a la memoria, como un regalo,  el café a Brasileira y tú haciendo muecas   muy seria al lado de la estatua de Pesoa. Mientras ríes tu cabeza se mueve suavemente rozándome el rostro con tus cabellos. Algunas fotografías guardo de esos días. ¡ Qué hermosa estabas.  Tenías una cara con mucha sonrisa, a veces, mostrabas todos tus dientes

Afuera las luces de la calle comenzaban a encenderse proyectando su haz triangular sobre los adoquines. Ya empezaba a caer el ocaso y las sombras se alargaban proyectadas en la pared. El cielo iba pasando de un amarillo ocre a un color miel que suaviza la tarde ante la caída definitiva del sol 

La Alfama de noche ¿La recuerdas?  Los dos bailando hasta  última hora en los viejos almacenes de ultramarinos reconvertidos en pubs nocturnos. Muy al fondo el mar, que sólo se percibía  como un perfume remoto de Asia. Cesaria Evora, Mayra Andrade… Música caboverdiana suave y los dos muy pegados  y mirándonos en silencio y sonriéndonos. Al fondo Cesaria Evora con su eterno cigarrillo  y su  Sodade “…Si tú me olvidas yo te olvidaré hasta el día que tú regreses.” Era la música que estaba entre tus dedos y mi pecho, entre mis manos  y tu culo.
Y ahora no podría explicar como pudimos subir la escalinata del Hotel York House  con los zapatos en las manos y entrar en esa habitación amarilla mientras tu lengua con sabor a vino escudriñaba dentro de mi boca y tus dos manos apresaban mi cabeza. ..El caer de tu ropa sobre la alfombra… Después tus pezones pequeños pero tan duros…Mi mano izquierda alborotando tu pelo…Tu sexo era quizás el lugar más dulce del mundo. El recuerdo de mis pasos en tu piel…

El crepúsculo tiene esa luz, siempre a punto de fugarse. Por eso es frágil, por eso es quebradizo.  “No te creas las cosas dichas con esa luz” te avisé  mientras abriste  desatinadamente los ojos, como aquel que inicia una ceremonia de despedidas y allí creo que algo se rompió en la marcha de los días.  Allí, creo que  acabó todo. Yo cerré los ojos y volví a escuchar las campanas de las iglesias de la Alfama que se filtraban, como rayos de luz, por entre las blancas sabanas de nuestra habitación amarilla.
                                                                        





domingo, noviembre 23, 2014

Entre copas de vino y mas vino, de risas y mas risas

Gleb Goloubetski

Brindo por cada sonrisa que cae de tus labios
Y que nadie recoge.
Por cada caricia.
Brindo por cada mirada  que cae de tus ojos
Y que nadie roba.
Por cada  roce.
Brindo por cada palabra que cae de tus  oídos
Y que nadie escucha.
Por cada ternura

Brindo alzando la copa de los árboles,
bebiéndome el rocío de tu boca,
rozando el follaje de tu vientre,
catando la humedad subterránea de tu savia,
saboreando las edades de los vientos
en los pliegues de tu piel desnuda.

Brindo por broqueles custodios de un nosotros.
Brindo por la libertad de amarte como el viento.

lunes, noviembre 17, 2014

Ese amor desequilibrado de un solo lado *



*Del libro " tu mio" de Erri lucas
¿Quién establece  lo que dura un recuerdo?  Quiero decir ¿Quien decide cuando se agota  y desde cuando comienza? Y ¿Quién pesa  lo que hemos dejado, como lastre? ¿Quién mide  las heridas, no cicatrizadas? ¿Quién tiñe los recuerdos de ese aire cobrizo que tienen  los atardeceres del verano?
¡Ay¡ Dios mío
Cada vez que vuelvo al pasado malgasto algo más que mí  tiempo y ya son muchos los años. Sigo conociendo de memoria tu recuerdo como ayer y como hace ya demasiado
Aquel tiempo quedó profundamente marcado. Sin posibilidad de cicatrizar porque a veces sigue estando en carne viva y me hace gritar cuando me pongo a fisgonear
Hoy se desató. Se me calló otra capa de piel, cuando desde mi sillón creí verte frente al espejo de siempre. Bailando con el pelo recogido atrás con una cinta de terciopelo, escapándosete unos mechones  arqueados hacia delante enmarcándote la cara...  Sentí en mis dedos tus pezones pequeños pero duros y calientes mientras mi lengua con sabor a vino rastreaba todo tu sexo  y tus dos manos cogían mi cabeza guiándola entre tus muslos separados…
 Alzando la vista, te echaste a reír de un modo que me pareció bellísimo, con la cabeza ligeramente inclinada hacia atrás.
Pensaba en ti con el torso desnudo y te vi el alma
Otra vez se me rompió el corazón, de nuevo. Se me hizo añicos y recogí  los trozos. Cada vez los pongo de una forma diferente porque cuando vuelvo  a verte vuelve  a hacerse astillas. Así que cada vez tu recuerdo es distinto
Me estoy alejando de ese instante que viví contigo fuera del mundo y al momento vuelvo como si este circulo fuera una existencia hecha de derrotas continuas. De pronto, he deseado estar ahí. Lo repito remachando  claramente cada una de las sílabas y entonces la espera se transforma en el único tiempo. Una ráfaga de viento me trae esta  sensación de vértigo: Te he esperado y hasta he olvidado el motivo

A lo lejos me sonríes mientras  enredas un mechón de tu pelo en el dedo y el vino rojo sigue moviéndose  en mi copa.

domingo, octubre 05, 2014

Te traigo la arena de mis diecinueve años en esta canción, ahora que mayo está claro que ha espigado en nuestras almas

  Gleb Goloubetski  The lighthouse




Era un día caluroso,
el cielo estaba azul
y la playa llena de gente.
Yo había ido a verte
Y al bajar del autobús nos besamos.
Ahora se que todo eso lo hacia por tu amor.

Tropezamos con  una pensión
Junto a una vieja panadería
Y alquilé esta habitación
que el paso del tiempo
los colores ha comido.
A pesar de eso
hicimos el amor
en una litera de madera.
Ahora se que todo eso lo hacia por tu amor.

La habitación estaba mustia
Y las cañerías viejas.
Con todo ese calor solo pude beber agua
que ni  siquiera estaba fría.
Ahora se que todo eso lo hacia por tu amor.

Los viajes en las tardes de Julio
Cuando más calor hace.
El norte y el sur de Chipiona.
Todo esto es un disparate
Pero ahora se que todo eso lo hacia por tu amor.


viernes, septiembre 26, 2014

Canción del aniversario:

 Gleb Goloubetski






































Después de tanto tiempo
Como el que ha pasado
Aun puedo ver a los niños
Con sus palas en la arena
Jugando en la playa.
Ellos van a por más agua
Para mantener sus castillos.
Quizás nosotros no fuimos
Por demasiada agua,
Pero eso ahora no importa.
Aun puedo ver las conchas
Cayendo por sus manos
O persiguiéndose
Alrededor de una duna
Mientras nosotros seguíamos
El rastro de una nubecilla.
Aun puedo recordar
Que por las noches
Bebíamos ron mallorquín
Mientras los niños se acostaban.
Cuando ellos se dormían
Nos hacíamos el amor...
Por las mañanas la cama
Se llenaba de niños...
De esto que te hablo,
Tú sabes mejor que yo,
Que han pasado
Al menos treinta años
Ahora los niños son mayores
Y han olvidado hacer castillos,
A ti no te gusta bañarte
Y yo cada día envejezco más
Y aunque trato de disimularlo
Ya tengo canas en la barba
y arañazos en el alma

domingo, septiembre 07, 2014

Quizás porque los recuerdos necesitan las palabras para serlo y, al revés, porque las palabras, sin nada que nombrar, se borran*

Vincent Van Gogh


Siempre me he sorprendido con las palabras. Con las atónitas  agudas y las espasmódicas  esdrújulas, con las llanas solitarias. Me permiten considerarme  inventor  de las cosas. Digo Sol, océano o mujer y aparece el salitre repartiéndose por los angostos poros de su piel primeriza. Y para mi es una sorpresa, porque está allí  y me está mirando  Y yo, a la vez,  la estoy descubriendo y con adjetivos desconcertantes la estoy envolviendo porque es tan hermosa.
¿Podrías comprender  que no existieran las palabras Ilusión Confianza Ánimo?  Imagínate que no estuvieran allí  para ofrecérselas a  nuestros hijos, cuando comienzan a despedirse en esa estación  y hacerse más pequeños a medida que se van alejando
 La magia de las hojas cayendo de los árboles  sin que  la ventisca las arranque. La tarde soplando sobre su pelo  que huele a  lavanda y a tierra húmeda y sobre todo a mujer. ¿Cómo explicarlo? El golpeteo del viento frío de enero  en los cristales de la ventana. El castañetear de la cigüeña en los campanarios. El aire malva del atardecer mientras se espera a que la tarde acabe de desaparecer sin entretenerse demasiado.  Dime, ¿cómo? La vida nos regala la lengua y hasta maestros para enseñarnos a manejarla con destreza. Para vincularnos a las personas incluso a las que ya ni están.
Estas palabras que reponen la existencia que devuelve el ayer, Son necesarias conocerlas para que sean, para que perduren
Las palabras llenan la vida de presencias invisibles. Si no entonces cómo explicar los sabores y olores primarios de los sorbos cortos del vino. De los besos que besan unos besos. Cómo explicar el color a miel que tienen los atardeceres en Cazulilla mientras se filtran, como rayos de luz, por entre las copas de los árboles, el sonido de las campanas. Cómo revelar cuando nos viene  a la memoria una ráfaga de aire cálido que trae aromas de salvia y menta. Y el sol detenido en el aire que siempre había sido el perfume del verano. Cómo expresar el olor a agujas de pino que aun tengo fresco en la memoria y Viajarte  hasta agotar los mapas de tu cuerpo. 
Palabras que nombran colores y olores; eso que todo el mundo llama vida
Sin esas palabras la vida  se convierte en esos  instantes que se van perdiendo en la memoria, como el verano que termina. Cada palabra es un triunfo.
Y soy feliz por esas palabras  profundas  que inventan  y acercan cada escondrijo del universo,  arrebatando sentimientos que se aferran a  nuestra alma. Esas palabras que no se desgastan por el uso.
Para mi la lengua es un asombro y una  maravilla, que amo.  Por eso escribo como contribución a algo que amo.

 Las lágrimas de San Lorenzo Julio Llamazares (Alfaguara Editorial)

domingo, abril 20, 2014


Leonid Afremov 

(Y el amor fue el origen y el señor del mundo, pero todos sus caminos están llenos de flores y sangre, flores y sangre. KNUT HAMSUN, Victoria)

Él

La  memoria no es una debilidad, no puede serlo, o por lo menos no a mi edad. La memoria es curiosa; Retiene cosas que no valen ni un suspiro en el momento en que se les evocan. Ahora ya se que cualquier instante por pequeño que sea puede referir la historia de las cosas. La historia de momentos en los que he sido feliz…
Las luces de la calle están encendidas, pero aún no ha oscurecido del todo. El cielo está cubierto de nubes, amarillentas, que amenazan tormenta y que le prestan al atardecer un color de herrumbre, De la bahía sopla un viento cálido, cargado de todos los perfumes del océano, que se cuelan por entre los visillos de la ventana a medio cerrar. Con esas relumbras sobre la pared, se esboza  un movimiento acuático que se mece al compás  del ritmo de la música que va llenando el aire.
Escucho el redoblado caer del agua en la ducha, solo entrecortado por el chapoteo en su piel, que se me antoja erizada. Siento unos tremendos deseos de notar su húmedo frescor sobre mi piel. Veo un ligero vapor salir del cuarto y puedo distinguir  su figura moviéndose detrás de la mampara transparente de la ducha. Me quedo mirándola por unos segundos. El agua cae en su cabello mientras ella lo acaricia, con su cabeza ligeramente inclinada hacia atrás. Que hermosa es.
Reímos y nos besamos cuando entré. Se dio  la vuelta y se apoyo sobre mi cuerpo y así, cuerpo contra cuerpo, nos relajamos. Sus senos quedaron por debajo de mis brazos mientras el agua se llevaba las preocupaciones del día. Mis caderas sobre las suyas y mis manos recorriendo su figura mientras sentía su respiración acelerarse. Más tarde Pasé mi mano sobre su cabello y la deje caer lentamente  mientras la  acariciaba en suaves círculos provocando que se fuera abriendo, poco a poco. Me llenaba cada vez más de ella.
La luz del ocaso  fue apresada por una mata de retama que crecía junto a la ventana. Olía a yerbas y a algas  del roquerío, a brisa nocturna en sus hombros
¿Podría recordar más tarde ese olor? ,

……………………………………………
Ella
Hay olores al margen del tiempo.
Ya sabes lo delicada que es la memoria. Tomará prestado los últimos fragmentos mientras el recuerdo se vaya y haga más pequeño los andenes y ya no pueda ver la estación. Solamente el Sol bailando por entre  los techos cobrizos 
Unas caricias suaves y ya el pene se yergue, aumenta de tamaño e irradia calor
Me reclino sobre su pecho y cierro los ojos sintiendo su aliento húmedo y cálido Que con movimientos fluidos, va bajando desde mi cuello por el pecho y el vientre, hasta el muslo y después sube un poco y vuelve a bajar decidido… Entre los muslos. Luego sus labios, su lengua…Muero mientras él se rompe  en un sonido como de animal agónico, un jadeo enajenado y desesperado. Se aferra  a mis piernas y separándolas, me penetra. Arremete cada vez más ávido y cada vez con  mayor furia, resbalo hacia atrás, él me coge de los brazos y cierro los ojos…
Recuerdo ahora sus manos ariscas, delicadas sus dedos feroces, brutales y exigentes recorriendo mi piel, secando cada centímetro

El sol se va poniendo  y dejando tras de si una luz alargada y fría. La noche trasforma la cantidad infinita del  azul del océano en unos  pocos tonos ocres, densos y apiñados que pintan el aire de melancolía. De fuera viene una húmeda ráfaga de aire salino  trayendo olor de adioses apretados. De los marcos de las ventanas  se desprende pintura blanca cuarteada. 

domingo, febrero 23, 2014

Sorbos cortos con sabor a besos largos


Marta Astrain
¿Sabíais que los castaños son los primeros árboles en revelar la llegada de la primavera? Con su verdor entierran ese otoño que avantonamente se aleja.  
Escribir es un puente de papel a la vida. Freud decía que lo único que puede hacernos felices es la realización de nuestros deseos infantiles.
Ahora, cuando creo que  lo más importante que ha sucedido en mi vida, ya ha pasado, escarbo en los recuerdos y traigo esos instantes que se van confundiendo en la memoria  como esos veranos que terminaron.
Se convierten en relatos que dejan ese poso de vida pasada. De pensamientos hechos a lo largo de los años. Relatos, retazos, retales del poso que permanece, aferrándose a la memoria.
Quizás esas hablillas sean mis deseos infantiles. Ese niño  que se sentaba en las tardes de frío en Cazulilla  a inventar historias de  imposibles, de islas apartadas, de piratas y  muy al fondo el mar, que sólo se percibía como una luz y un perfume remoto.
Entonces era un comienzo. Un presagio de lo que estaba por venir.
Pensaba en cualquier relato a sabiendas que era ficticio, que lo usaba como una cortina de humo para dejar de ser ese niño que se sentaba en las tardes frías de Cazulilla a inventar   y entonces me daba un chute emocional cuando lo plasmaba en un papel.
 Estaba escribiendo lo que quería sentir, lo que quería que fuera cierto. Estaba sembrando mis ilusiones y me agarraba a ellas como una nube al cielo que la sostiene. Eso era todo.
Los años pasaron no voy a decir vertiginosamente, pero si que pasaron dejando sobre mi vida una victoria invisible, una fisura angostísima en la escayola de mi molde.
Y ahora quiero poder sentarme bajo aquel castaño teniendo otra vez veinte años, un sueño para acariciar y una novia para esperar. Sentado allí aposté por sentirme feliz como casi había olvidado que se puede ser feliz
Eso es lo que yo quiero rescatar ahora, con mi edad. Y así lo rescato cuando escribo. Cuando escarbo en la memoria, evocando sin precisión alguna , tendiendo ese puente de papel a la vida

domingo, diciembre 15, 2013

Yo la siento, siempre por la quieta orilla, cuando cae la tarde y se anida mi verso en las pautas de un cielo que traza partituras para que nunca muera el ondear de su cuerpo.


Las palabras fueron bebiendo
el rocío de tus manos,
cuando mendigabas
en palacios deshabitados.
Sentiste, en las sombras apretadas
de las tinieblas,
como los sonidos
cubrían tus dorados contornos.
Aferrada a la espuma
surgías en cada salto…

Ahora Isadora continúas danzando,
a pesar de perder de tu voz el acento.
Entre las viejas piedras
que el mar salpica
aún se escucha tu paso
deslizándose

con el garbo del viento.

domingo, noviembre 24, 2013

Mi casa

Cazulilla


Tantas líneas apretadas, tantas palabras cosidas unas a otras…

Mi infancia está toda aquí. Tengo fresco en la memoria  estos olores de la dama de noche y del jazmín, del dulzón  aroma del azahar. De la tierra húmeda con  las lluvias ocasionales de Agosto Mi infancia está en estos sabores de la fruta madura y tibia que sorbí entre mordiscos en las tardes de verano. De la  piel primeriza, que sobé tan  torpemente en los claros oscuros de los graneros. En la pipa aventada de la era.  En el sonido de la lluvia cada vez más intenso, más gris y más triste, cayendo por todas las besanas. En el zumbido de toda clase de insectos que revolotean en las tarde de julio y de octubre. En el chisporreteo de la madera prendiendo en la chimenea. En el viento que susurra entre los trigales y se marcha montado en un adiós En el rumor de las  aguas que atraviesan Cazulilla y que traen saludos de lejanas tierras
En los colores de un cielo que  empezaba  a teñirse  de tonos rosáceos y anaranjados cuando atardecía o gris y ceniciento cuando amanecía. En el verde  triste del otoño y en el color alazán de mi viejo Chinchorro trotando en la alameda.
De estos  materiales están zurcidos mis sueños
Son  como heridas escritas en los márgenes de mi historia. Lo vivido me ha dejado cicatrices, magulladuras, arañazos La vida no admite retornos
(P.D.)A lo mejor se me quedó  en las entrañas  briznas de felicidad. A lo mejor…

martes, noviembre 12, 2013

Canción rosa para una pubertosa V (Su espalda, mi tierra. El recuerdo de mis manos en su piel. Su olor. Mi secreto)










Amedeo Modigliani (desnudo recostado)




Y mi boca se llenó de aire
para pronunciar tu nombre.
Mis manos te buscaron
en lo mas negro de la noche
y mis dedos perfilaron
tu oscuro cuerpo lleno de sombras.
Anhelando la tibieza de tu alma
mis ojos recorrieron
toda la amplitud de la Tierra
en
donde yacer con tu cuerpo

domingo, octubre 27, 2013

BRINDO POR EL VIENTO

She was once my true love  (Girl From The North Country, Robert Allen Zimmerman)
LA FLOR DE LOS VIENTOS John William Waterhouse



Brindo por el viento.
Por todos los vientos.
Por los que tienen nombres de geografías
y por las sencillas brisas venidas,
de Dios sabe donde.
Por las locas ráfagas que hacen señales
atándose a las caricias.
Brindo, con mi copa transparente
Por todas las corrientes que desordenan tu pelo
Y lo agitan
y lo recogen
y lo mecen
tras tu cara encendida.

Me gustan tus manos, tus dedos oscuros
y coronados por la nieve de tus uñas.
Me gustan tus dedos
cuando en el arrullo del viento,
se extienden  y se pliegan
y  vendimian  cada racimo de tu pelo
porque entonces cae de tu cara
la semilla de tu última risa.
Y a mi me gusta atraparla 

jueves, octubre 10, 2013

Los frutos de las largas tardes de septiembre





















Eugène Manet en la isla de Wight, 1875, de Berthe Morisot




Poder escoger la independencia que da las largas tardes
en las que nada ocurre, en las que no hay prisa porque no se va a parte alguna, para ver la imaginación retorciéndose muy lentamente mientras alzas muros para acordonar la  verdad  y  los hábitos se cuelan como aguas subterráneas. Eso es lo fascinante  de juntar palabras  Escribir tiene algo de la caña del trigo que en junio se desgrana sobre la tierra con cada racha de viento. Me permite sentirme dueño de las cosas. Es un regalo de la vida, un misterio que está a la vista Vale la pena arañarse
El cielo empezaba  a teñirse  de tonos rosáceos y anaranjados dejando al sol esconderse por el horizonte adoptando  unos tonos ocres, espesos y relucientes, que pintaban el aire de melancolía El aire olía a fines de junio y a agujas de pino.
Bajo un cielo negro taladrado por millones de estrellas, estaba tumbada en la esterilla  jugueteando con un largo rizo, enroscándoselo entre los dedos, mientras su cuerpo se llenaba de manchas de sombras  y de luz que se filtraban por entre las ramas de los árboles. Desde detrás de una copa de vino con aromas a besos robados  yo la miraba sin atreverme a inventar un final para una historia que, de tan bella, no debería tenerlo jamás. El zumbido de toda clase de insectos, me llevaron de nuevo a  esa tarea eterna de quererla, de enredarla en mis sentimientos
Pronto supe que no teníamos recuerdos en común. Nunca me necesitó del modo imperiosamente avasallador como una persona puede necesitar a otra, Era como si alguien  hubiese arañado un velo invisible y en el pequeño desgarrón  solamente ella, pudiera asomarse. A este tipo de exigencia hay quien le pone, a veces,  el nombre de amor. Es difícil poseer un objeto reflejado en un espejo, una sombra. Nadie se aferra a  una imagen  a lo sumo la disfruta.
Crear un tiempo a base de unir pequeños instantes de felicidad es convertirse en el en el sueño de un soñador. Lo pasado no se esfuma: Lo sucedido ha sucedido. Se queda enredado en los jirones del alma, hace tachas en el recuerdo que cobra importancia cuando me desangro lentamente, hasta morir, igual que una hemorragia de recuerdos que se vaciara en el olvido. Pero la vida no admite retornos
Así que decidí sacrificar algo y solté amarras. Y aquí estoy hoy, diez de octubre de dos mil trece a las siete de la tarde sentado en mi sillón (que ya quisiera yo fuera de  Voltaire) imaginando con todo lujo de detalles su cuerpo y las cosas que le haría, y las que ella haría con el mío,